Autoanálisis de Bourdieu & las ARSS
En el blog de Justo Serna se publicó hace unos días un excelente post referido al reciente libro de Pierre Bourdieu titulado Autoanálisis de un sociólogo. Me parece que dicho post es recomendable y muy grato a la lectura, no sólo por su estilo escritural desenfadado ni sólo porque tiene la ventura de comentar con atino la cuestión referida a la labor de los intelectuales -nótese que Justo tiene el afán de mandarlos al diván-, sino también porque ofrece un buen stock de percepciones jugosas, francas y un tanto descomprometidas remitidas al sociólogo francés. Asimismo, quiero aprovechar esta entrada para agradecer la mención que Polifemo hizo respecto Inmanencia, y también para llamar la atención a los bloggers franco-parlantes interesados en el research sociológico: ya que los portales Persée y Cairn han incluido online prácticamente todos los artículos de las Actes de la recherche en sciences sociales [en Persée disponibles desde 1975 hasta 2003 y en Cairn desde 2001 hasta 2006].
.. Naxos.. Rain.. Naxos..
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Yo, personalmente, he de tomarme lo que leo con pasión. Más aún: lo que escribo también. Leer o escribir como si eso fuera lo último que hiciéramos, cumpliéndolo muy seriamente, como si las palabras intentaran dar la medida exacta del mundo que vemos o en el que irrumpimos. Por un lado, es el sentido mismo de la creación, la satisfacción de un amor propio que se expresa con lo que a uno le agrada: la lectura y la escritura. Pensando en lo que yo mismo hago, tengo la impresión de que lea lo que lea o escriba lo que escriba, siempre lo llevo a cabo como si ese texto fuera lo último que quedara de mi vida, el resto de una experiencia intelectual, lo que de mí podría sobrevivir. Y no lo dijo por un narcisista o tontorrón apego a la posteridad, sino como un resto documental: ese libro subrayado, anotado, comentado y ya inservible que puedo ser el último que leí es ahora un documento que reemplaza al lector que dejó sus huellas; ese texto aún torpe que escribí es ahora el vestigio insuficiente, incluso borroso en el que hay cosas que se dicen y cosas que no se dicen. Aparte del trabajo y de la dedicación, del empeño lector y de la escritura hay en lo que hago ese secreto: leer o escribir como si en esa página impresa que disfruto o como si en ese folio que compongo se compendiaran las dudas que me hicieron cavilar y que me apasionaron. Pensado así, ningún texto leído o escrito es un texto de circunstancias.
Fd.: Justo Serna
Lo que menciona respecto a la sobreinterpretación dada por apropiación me resulta un grave problema de comunicación en todos los niveles, de hecho es un asunto que he podido estudiar profesionalmente con las personas alcohólicas, y que es más común que ordinario. Es un problema de recepción de significados que implica hacer pasar la lectura por una máquina que niega de antemano sólo los términos empleados -negación que es parte de su proceso de apropiación y aprendizaje- y que para hacerse de ellos necesariamente reemplea su sentido en otros términos: al proceder de esta manera lo que se da es un deslizamiento del sentido en lo dicho o en leído, el cual puede ser exponencial.
Tanto en el habla como en la escritura, este problema tiene la característica de expresarse en primera persona, sea a la hora de leerlo, sea a la hora de comentarlo: digamos que el uso de la primera persona es su síntoma. Hace poco en un foro hice un comentario donde escribí algo así como "en este capítulo queda muy claro que la idea no es hablar de dualidades..." ...mi interlocutor entendió muy a su manera esto y lo manifestó más o menos así: "voy a responderte en cuanto a tus juicios sobre "que no hay dualidades"..." (!!!) Este es el tipo de sobreinterpretación que esquizofreniza el intercambio haciéndolo un perpetuo teléfono descompuesto.
Y bueno, en lo personal evito el uso del término "interpretación" para referirme a lo que está diciendo o escribiendo otra persona, porque me parece que implica aceptar una especie de relativismo rampante del orden: yo interpreto, tu interpretas, el interpreta, nosotros interpretamos, etcétera, como si lo que se está dando a la interpretación diera carta abierta a que cada quien interprete lo que quiera según la descomposición de su propio teléfono, justo como si eso que se interpreta en sí mismo no tuviera, por el mismo hecho de poder interpretarlo, puntos de encuentro y matizaciones posibles.
En fin, aprecio muchísimo sus delicadas percepciones y su amable tono: sus formas son un lujo a la lectura misma. Me gustaría mucho que esté usted visitando este espacio para dotarlo de tanta ilustre palabra.
Muchos saludos
No tengo muy claro si el término
librepensador
basta para disentir con el que es
intelectuales.
Precisamante, los matices a los que te refieres en tu comentario en el blog de JS, son los que me hacen cavilar más..., porque el lenguaje puede operar a través de algunas palabras, con un pragmatismo que no marca algo más concreto. O es que lo especulativo se introduce en estos intersticios y lo mejor, sería inventar una palabra para que la viciada ya no sea la que se use...
O lo que interesa sobretodo, es dar una salida a lo que son los intelectuales, más que desde una palabra, desde una realidad y que eso no sea reduccionista.
Seguirán las lecturas de
INMANENCIA.
Gran salute, querido amigo.
Gracias por venir. Tienes razón en cuanto a lo de Justo. Yo siempre he pensado que el intelectual tiene intereses ideológicos y que siempre habla por otro, ocultando alguna relación de poder. El libre pensador, por el contrario, no tiene mordazas y por lo mismo los ejercicios ideológicos de intelectualidad les resultan revulsivos y pierden sentido. Creo que en el fondo no importa lo que uno sea, sino que lo que uno hago -sobre todo si se trata de ejercer el pensamiento- lo haga sin perder la virtud de la franqueza.
saludos