Microdiseas: experiencia del consumo y aniquilación del deseo (I)
Referir al deseo, no como sutileza de ímpetu sexual o moralina kitsch, sino como una experiencia de consumo puesta irremediablemente en juego en la actualidad: es una excusa articulada para poner en relación dos significaciones: deseo y consumo. Resulta irrefutable que la realidad civil del ciudadano no está tan presente como lo está en sí esa otra realidad inserta ya en el individuo, en el lado oscuro de la propia civilidad: aquella otra realidad por la felicidad artificiosa, una realidad un tanto psicótica, que nos ofrece la compulsión experimental y la voracidad autómata del ser consumista. Esta felicidad se regodea de capitalismos y está disfrazada con un manto persuasivo que bombardea nuestros sentidos en todo momento. Ella sin más se sobrepone a nuestra experiencia conforme se corrompe la civilidad misma, y se sobrepone a la experiencia que conlleva cierto derecho de propiedad, tal vez el último que tendría que ser acechado por el canto del artificio materialista: el peculiar e indisoluble derecho a la propiedad del cuerpo.
El ciudadano-consumista de la actualidad cree ejercer su derecho de propiedad sobre sí mismo constantemente. De forma ilusa, el ciudadano-consumista cree que él es dueño de sí y que nadie más lo es: se atribuye entonces la capacidad de elegir qué hacer con su cuerpo. Se atribuye el poder de qué decir y qué no, de qué ingerir o qué beber, de cuándo o cómo bañarse, de cómo vestirse y cómo no peinarse, de cuántas veces al día orinar o dónde encerrarse para poder expulsar sus excreciones, en su caso, de dónde dormir, qué música escuchar, qué cosas leer o qué películas no ver; etcétera. De manera que esos derechos de los cuales se tiene la libertad de elegir parecen estar emanados de un halo de representatividad inmediata al cuerpo del individuo social. Sin embargo, esa libertad es una escenificación construida con andamios virtuales que se han externalizado. Estos exoandamiajes finalmente conectan al deseo del cuerpo y a esa ilusión de libertad de elección, con el sentido común del ser consumista, esto es: con un estilo de vida liado sin más a la lógica de mercado. Es un sentido común ya establecido como un hábito que efectivamente rodea y oscila nuestro cuerpo en la dinámica reiterativa del consumo. Es un sentido vil de saturación y de sutil interferencia que desplaza y ensordece los derechos relativos a la supuesta libertad de elegir sobre el cuerpo. Es un sentido que al final estrecha cada vez más esas opciones ilusorias en la posibilidad de elección de nuestra experiencia.
Esta dinámica reiterativa del consumo, la cual desplaza, ensordece y estrecha, no puede sino despojar tácticamente la experimentación del propio deseo. Es como no poder saber qué se desea: es una imposibilidad dada a cambio de una vana disponibilidad por demás confortable, que se extiende en la posibilidad propia del consumo, que se inserta por delante de nuestro deseo, y se conforma como parte del sentido común. Todo ello en tanto que gravita al propio cuerpo, y en tanto que apenas posibilita la sofisticación intrínseca del consumo por la felicidad que exalta el artificio: en la siempre reiterada compulsión/satisfacción obtenida con un movimiento al alcance de nuestro dígito, y una felicidad despejada en la micro-odisea de la aniquilación del deseo.
¿Hasta dónde llegan los límites del consumo? ¿Hasta dónde éste hace palidecer al deseo y lo transfigura en los vicios y en las adicciones fantasmas, obsesiones y compulsiones patológicas? ¿Cómo agradecer al consumismo actual el devenir histórico de la neurótica, maniaco-depresiva, esquizofrénica o psicótica sofisticación de nuestra convivencia humana en la urbe: una convivencia convertida ya en una involutiva manifestación de nuestras relaciones, de esas endebles relaciones situadas en una intemperie simbólica que no deja ya jamás de sacudirse por las constantes interferencias tecnológicas, y por las mutas disformidades orgánicas de la sociedad actual?
No obstante, sea por la ceguera del hábito y por las costumbres que construyen lo cotidiano, sea por la irrefutabilidad de nuestra simple presencia, o por la preocupada valoración de nuestra propia sustancia, no hemos reconocido que nuestro deseo está ahora constantemente materializado, que es un artificio del exterior capaz de satisfacer analógicamente nuestra prioridad de correlacionarnos. La idea de consumo es ahora tan equívoca que resuena en cualquier acto: ha transgredido el lado común de la estética cotidiana, ha formado parte del paisaje social en la urbe actual. Es decir que la monomanía del consumo ha conquistado todos los actos del imperio efímero de la prosaica: no sólo se conforma con establecer las rupturas existenciales de quien se regocija en la marea del deseo, sino que también aprovecha aparatosamente los fluidos de esos cuerpo deseantes y calcinados.
Habríamos de reconocer que en esta era del consumo, de la deglutación y de la excreción, no hay un deseo que no tenga que ver con lo material y que no sea satisfactorio para nuestro propio cuerpo. Habríamos de incurrir sin pena en pensar que el consumo actual es cualquier acto que se relaciona con cualquier forma suave de manutención del cuerpo, incluyendo los menesteres que sacian el alma o la mente, y que dan dirección al destino de cada espíritu. Es triste considerar esto, ya que esta experiencia del consumo en la actualidad no sólo se extiende, sino que se traslapa, se impone y se pisotea, sobre la línea que define el umbral del deseo.
Abril 1998
(Parte I actualizada para Filum ©®™)
Etiquetas: Filum
Naxos..
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11 Unfolded Experiences:
AkashA DulcineA discurre:
Ah... ¿por qué será que la estructura de tus escritos y su temática me recuerdan tanto mi etapa de comunicóloga?, me pregunto entonces si entre tus estudios habrán estado la Comunicación científica o la Filosofía... me agrada encontrar un estilo tajante pero al mismo tiempo ligero, maquiavélico y directo, con palabras sumergidas en una especie de tecnicismo arrebatador, en fin, mejor hablo de tu contenido.
Todo, desagradablemente se encuentra recubierto de imágenes prefabricadas por las reglas sociales, por lo que dicta un lema o que es parte de un grupo determinado, el de influencia, el que hay que seguir, sus deseos son los deseos de mil entidades más que en ocasiones creen a ciegas en una supuesta originalidad. Sí, de ahí nacen muchos vicios que mantienen la autodestrucción vigente, también es parte de lo que se debe hacer, quizás.
Liberar el deseo... volver a lo primigenio, al caos que implica la esencia del deseo humano, pero el monstruo del consumismo cobra mucha fuerza en una mentalidad unificada, ¿hay que separarla?, ¿es posible aún?, mientras me quedo divagando en las raíces de mis anhelos, tal vez deba modificarlos para no encontrarme deseando lo que una canción me susurra que es lo justo para mí.
Oscufilosóficos saludos (si es que eso existe y si no, mucho mejor).
7/19/2005 01:55:00 AM
Magda discurre:
Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. La libertad es una escenificación construida. Pero la esperanza, si se tiene, es que no sea eterno ¿se podrá lograr retornar a las cosas mismas?
7/19/2005 01:15:00 PM
Laura discurre:
Entre a tu blog, por medio
viviendo para morir.
Te cuento que también estoy de acuerdo con lo que escribes, y como no estarlo si lo veo a diario y lo repudio a diario.
También deseo que no sea eterno.
Un abrazo
7/20/2005 09:51:00 AM
MaM-oNa discurre:
Por mucha repulsa o insatisfacción que pueda producir e incluso que nos neguemos a esta realidad, todos, absolutamente todos, estamos inmersos en un consumismo puro y duro, sólo podemos soñar con la realidad del deseo.
Besos.
7/20/2005 11:10:00 AM
Azul discurre:
De una forma u otra...somos consumistas, en menor o mayor rango...quizás en la medida que necesitamos algo y quien sabe ofrecerlo, quien sabe manejar lo que vende puede hacer que creamos en una necesidad inexistente.
Como siempre, practicamente un tratado...sigo aprendiendo, y con mucho gusto!
Biko fuerte ;)
7/20/2005 10:10:00 PM
are discurre:
Ole por aqui de visita por primera vez y gracias a subconcientemente alterado...que tengo que decir...el cuerpo y el deseo han sido invadidos, la tarea es no dejarlos colonizar...saludes por aca volvere.
7/21/2005 04:34:00 AM
Magda discurre:
Buenos días.
Mira, los monitos se ponen solamente dándole click al monito que desees poner en el lugar del comentario adonde desees poner, es todo.
Muchos saludos.
7/21/2005 11:53:00 AM
Hamletmaschine discurre:
Hola, por fin se abrio un tiempo para poder recorrer los blogs, he tenido tantísimo trabajo... muy interesante tu planteamiento, la sustancia del consumo va famtomizando ese borde entre lo que deseamos y lo que nos hacen desear, incluyendo los deseos más íntimos.
Burroughs en uno de los últimos párrafos de Tierras de Occidente pregunta:
¿Cuándo aprendera el hombre que no quiere, que no puede querer, lo que "quiere"?
Y en su autobiografía, Lydia Lunch dice "Para el vacío interior basta el yo". Una unidad deseante que no se sacia con nada, entre más tiene más pide... una boca abierta en el tiempo.
Saludos, gracias por tu excelente comentario sobre Nietzsche, un gusto leerte de nuevo...
7/21/2005 10:07:00 PM
Jerry discurre:
Para empezar quiero dejarte saber que puse un link de acceso a esta escritura desde mi bitácora de opinión ayer, pero no comente por falta de tiempo hasta hoy.
Ante un sin fin de complejidades, y problemas actuales los cuales están pasando por nuestro mundo este momento, el consumismo es una decadente forma de cubrir o satisfacer momentáneamente un deseo que básicamente fue impuesto ante nosotros, para convencernos de su importancia y contundencia en nuestras vidas.
“no hemos reconocido que nuestro deseo está ahora constantemente materializado” ver estas palabras me causa cierto goce dado a un entendimiento similar al poder observar que alguien a podido reconocer, y aceptado este concepto, que al parecer es inexistente para la mayoría de personas. Además de ver la excelente y apropiada forma de expresión la cual has utilizado para describir un tema tan complejo.
No podrías tener más la razón al referirse a este como un ideología impuesta: “Una experiencia de consumo puesta irremediablemente en juego en la actualidad” Todo lo que absorbemos y dejamos entrar en nuestro cerebro no es nada mas que dejarse manipular ante un juego Y agrego “un juego muy adictivo” y que a resultado lucrativo para algunos, y a marginado una gran diferencia entre clases sociales.
En cierta manera después de mucha información que he podido ir aprendiendo o digamos analizando, me doy cuenta (o supongo yo) que vivimos en una sociedad-marioneta en donde nos dejamos llevar por impulsos y nos dejamos controlar mas y mas por un mundo material. Digamos un mundo plástico. Claro, no cabe duda, que esto no es nada mas que mi opinión personal, y como decía: Nietzsche “No existe una “Verdad” sino una pluralidad de perspectivas sobre las cosas”
Tienes una perspectiva muy valida sobre las cosas.
Muchas gracias por compartir
Saludos Cordiales.
7/21/2005 11:12:00 PM
Jerry discurre:
Agrego: ante todo esto, solo hay una realidad clara e indudable, y este es basada en el amor y el rigor, pero esto es quizás otro largo tema…
7/21/2005 11:42:00 PM
Naxos discurre:
Akasha Dee:
Bueno, si eso te recuerdan mis escritos, no andas tan perdida: ya que soy Comunicólogo, pero lo he tomado más que como una etapa. Muchos de los textitos que acá pongo los publiqué en una revistilla universitaria. También te agradezco las palabras que diriges a mi estilo. Coincido en tu percepción del contenido: hay que liberar el deseo ante el monstruo del consumismo.
Gracias por estar por acá y visitarme…
No hay ajos que valgan…
saludos
Magda:
¿Se podrá? Retornar a las cosas mismas, es un anhelo que implica un punto de vista revolucionario y un cambio de actitud…
Acaso el problema ahora es que hasta las expectativas son las que llaman al consumo…
Nuestra idea de libertad implica un espejismo que es parte de la funcionalidad del modo de producción ¿habrá otra libertad que aún no podamos reconocer, una libertad libre (sic) del consumo?
Gracias por tu presencia…
Saludos
Laura:
Seas bienvenida, gracias por visitarme, agradezco a Viviendo para morir el link que puso en su blog…
Me gustaría verte seguido por acá, yo mismo merodearé tu espacio…
saludos
Mam-oNa:
Gracias por tu visita. Eres bienvenida cuando lo desees. Tus palabras son interesantes, el mundo se ha cundido, y no quedan ya espacios lisos que mantener…
Un consumismo puro y duro, se oye fuerte: es la realidad. ¿Será que soñar con la realidad del deseo sea también ya un espacio cundido, un espacio por excelencia agotado?
Saludos
Azul:
Me llama la atención lo que dices: quien vende nos hace crear y creer en necesidades inexistentes. Creo que apreciaste perfectamente el asunto de la relación consumo-deseo. Los que venden le dan forma a nuestro deseo pero siempre lo limitan para seguir anhelando algo. Y ese algo que ellos por casualidad pueden ofrecer: es como una cadena…
Bien!!
saludos
Jazz:
Bienvenida, esta es tu casa. Gracias a Viviendo para morir por su conexión. Me llama mucho la atención el uso que haces de la palabra colonizar. En efecto se merman se los espacios de libertad y se implantan en una colonia de consumo incontrolado: es una conquista del capital y de sus artificios de la que hay que resistirse y desterrar….
saludos cordiales,
Magda:
Gracias por el detalle y mil disculpas por mi desliz.
Seré más cuidado con mis comentarios, menos acelerador, para no estropear la estética…
Gracias y saludos
Hamletmaschine:
Gracias por hacerte presente y por darte el tiempo. Coincido con tu punto de vista: es sobretodo los deseos más íntimos lo que el consumo ataca y da forma, el borde de lo deseado cobra forma y artificio hasta en los más leves susurros. La cita de Burroughs es puntual y atinada: uno no se da cuenta de que lo que quiere es lo que al final sólo tiene elección de querer, pero que es asimismo la forma de lo que no quiso ¿Cuándo aprenderemos?
Y lo de una boca abierta al tiempo está para sentarse y pensar… o abrir la boca.
Gracias
Viviendo para morir:
Primeramente te agradezco mil tu linkage hacia acá: lo noté prácticamente desde que lo pusiste: es un honor y espero no decepcionar. De verdad mil gracias.
Creo que das en el clavo cuando mencionas que el consumismo quiere convencernos de la importancia del artificio y de su contundencia: está tan próximo a nosotros que andamos de la mano con él, mientras se enriquece de lo más preciado de nosotros. Tus palabras le dan sentido también al texto: es un esfuerzo saberse en medio de la subjetividad de una persuasión que nos canta sus beneficios al oído: este esfuerzo de objetividad es una suerte de despertar que debemos de realizar en pro de una toma de conciencia de lo que es el rumbo de nuestras existencias.
Y como dices, es una ideologización impuesta que ha mermado las mentes y que ha enriquecido a los lucrativos caras duras, una ideologización que perjudica o sentencia a los más necesitados, que incrementa los antagonismos sociales y que fabrica un pico de ricos capitalistas, un pico que se sostiene por la base de un cúmulo incontable de pobres consumistas.
La nuestra es sin duda una sociedad marioneta de un mundo plástico…lo dices muy bien
Gracias por estar por acá: estoy contento :)
Y sobre tu agregado tienes razón, este es un tema que se toca en la segunda parte...
saludos
7/21/2005 11:57:00 PM